10 octubre 2014

Carolina de Mónaco de joven era una marrana

Hace unos pocos veranos Carolina de Mónaco dejó que un fotógrafo italiano, amigo de su difunto marido, Stefano Casiraghi, robara las fotos del primer crucero familiar que hacía con su amante Ernesto de Hannover por Cerdeña.

En el Pachá, el yate que la princesa y su marido bautizaron jugando con los nombres de sus hijos, Pierre, Andreas y Charlotte, iban también los niños. La imagen del Pachá, un barco un poco antiguo, como los de Humphrey Bogart cuando hacía contrabando en el Caribe, con Carolina y el príncipe alemán apoyados en la borda, apareció en las principales revistas de Europa; en las españolas también.Era el reportaje estrella del verano.

El glamour sigue cotizando al alza en la prensa rosa internacional. Donde antes estaba Carolina ahora le roban páginas su hija Carlota, la Lolita principesca que va camino de batir todos los récords de su madre. Y Andrea, un auténtico príncipe del Renacimiento que habría inspirado a Luchino Visconti una nueva versión de Muerte en Venecia.

Y los papparazzis italianos y franceses que andaban hace años siguiendo el rastro de Diana de Gales y Dodi Al Fayed, hoy enfocan sus objetivos hacia Athina Onassis, a punto ya de entrar en el club del glamour. La hija de Cristina Onassis y el play boy francés Thierry Roussel, tiene pedigrí, pasado con tragedia griega, una inmensa fortuna en juego con mucha polémica detrás y un papá con las suficientes trampas financieras como para entrar cualquier día en la cárcel, eso sí, vestido de esmoquin. Todos los ingredientes que hacen falta para ser personaje de primera, de los de toda la vida.

Todo lo contrario de lo que ocurre en España, donde no hace mucho tiempo la estrella del verano era Isabel Preysler, que después de pasar un mes encerrada en su casa de Marbella, con fotógrafos subidos en los árboles cercanos a la tapia en busca de una imagen de su sombra, aparecía, por fin, en ¡Hola! con un pareo haciendo juego con el césped y el esmalte de sus uñas a tono con los cojines de la piscina.

Gunilla von Bismarck vestida de Sissi emperatriz, era también uno de los temas recurrentes de la temporada. Qué tiempos aquéllos.

Este año por no tener ya no veremos ni el bikini de Ana Obregón, un clásico del verano mallorquín. La renuncia de Ana a este posado, que marcaba el punto álgido del nuevo glamour, deja el protagonismo absoluto a la nueva banda de filibusteros cubanos, salteadoras de caminos, meretrices de telebasura y otras especies que acaparan hoy las páginas rosas, mientras se forran vendiendo vulgaridad, erotismo de camioneros y estética de puticlub.

Bien es verdad que Sonia Monroy, Yola Berrocal y las otras elementas que forman ese conjunto de sex-bombs que compite por los pueblos con la gira de los chicos de Operación triunfo, no serían nada sin el empuje y la promoción de Javier Sardá y otros programas de televisión, que son el verdadero motor que ha puesto en circulación a toda esta tropa Crónicas marcianas, que ha elevado a la categoría de tertulianos, a un individuo como Dinio, con un encefalograma de un tamaño inversamente proporcional al de sus partes. De una sauna gay en Palma de Mallorca ha pasado a ser uno de los protagonistas de la nueva movida mediática que tiene a Belén Esteban, la ex novia de Jesulín, como uno de sus personajes más finos.

La boda de Jesulín, convertida en la exclusiva del año, demuestra que en ese mundillo el nivel está más bajo que el agua de los pantanos este verano.

Carmina Ordónez y Rociíto eran hasta ahora el paradigma de la nadería más absoluta. Junto a ellas compartía páginas el conde Lecquio, exhibiendo lo que hiciera falta, aunque al fin y al cabo se entiende que alguien haya pagado millones por ver si los testículos del bisnieto de un rey hacen justicia a la leyenda de la familia. Todo indica que vamos cuesta abajo. Hemos pasado a los calendarios de camioneros. Descanse en paz el glamour.

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