16 febrero 2017

Ylenia Padilla, la vulgaridad en carne de espectáculo

Gandía se queda en tierra perdiendo las oportunidades para embarcarse en algún modelo de desarrollo urbano inteligente. La cuestión no reside en el hecho de que se convierta en el escenario, más o menos consentido por el poder local, de un reality que, como todos, convierte a la vulgaridad en carne de espectáculo.

El problema es que dicha elección, sea azarosa o deliberada, encaja como un guante en el mediocre plan que propone el alcalde Torró para la ciudad. Como ya hemos dejado escrito en otras partes dicho plan consiste en hacer pivotar todos los esfuerzos de la política local sobre el sector turístico. Esta opción no se deriva de un análisis informado que elige entre opciones plausibles, sino porque es un recurso facilón para un gobierno local incapaz de entender y atender la complejidad de la realidad social y económica de Gandía. 

A lo que cabe añadir la obvia implicación de algunos miembros de dicho gobierno en empresas de ocio y entretenimiento. GandiaShore no desentona ni estéticamente ni éticamente con el cogollo de la política local; programar conciertos de cantantes imputados por corrupción, u otros que después de piropear al alcalde actúan sin rubor para sátrapas africanos, péplums de cartón piedra, concursos de misses, Bertín y Arévalo, toros… comparte con GandiaShore, la lógica de la espectacularización de lo ramplón.

No hace mucho, yo mismo calificaba al «estilo del gobierno local» de neogilismo, entendido como un coctel entre personalismo exacerbado, cortedad intelectual y refracción a «lo cultural», populismo reaccionario i recurso a la xenofobia, estética hortera y despilfarro de testosterona, resulta sorprendente que la mayoría de estos mismos epítetos puedan ser trasladados sin demasiado esfuerzo al programa GandiaShore. Recordemos que el origen inicial del programa de JerseyShore fue retratar la vida de los Guidos -como se conoce despectivamente a la comunidad italo-mericana en Estados Unidos-, lo que ya originó protestas.

Pero hoy, después de dos veranos, ya tenemos algunos datos para evaluar la idoneidad de la estrategia del alcalde. La evolución del desempleo en Gandía evidencia que es una de las ciudades medias valencianas con uno de los peores comportamientos de su mercado de trabajo y los resultados de sus campañas turísticas son mediocres. Los meses de Julio y Agosto, en términos de viajeros han sido los peores del último quinquenio aunque se hayan conseguido incrementar las pernoctaciones a base de alargar la estancia media (lo que tiene un efecto de reducción del gasto diario), teniendo en consecuencia un impacto negativo sobre el empleo, de manera que si en Agosto de 2011, con 164.468 pernoctaciones, se conseguía un impacto de 960 ocupados en 2012 con 4.000 pernoctaciones más, los ocupados sólo llegaban a 810. ¿Si el tratamiento no funciona, no sería el momento de corregirlo?

El riesgo de apostar por un choni-parque temático, y renunciando a consideraciones moralistas o estéticas, es que hay imágenes del territorio que pueden sobreponerse por capas sin conflictos, de manera que cada capa del imaginario pueda satisfacer a segmentos diversos y por tanto la atractividad resulta de la agregación de mercados distintos, pero hay otras imágenes que son altamente invasivas y ocupan con rapidez y avidez todo el espacio simbólico. Me temo que el «efecto branding» de GandiaShore es del segundo tipo y va a tener efectos corrosivos para Gandía de los Clásicos, la Gandía de los Borja, a la «ciudad educadora», a la Gandía universitaria a la Gandía centro comercial abierto, a la Gandía que utiliza como lengua vehicular el valenciano, a la Gandia-Safor como espacio metropolitano, a la Gandía culta, a la Gandía agrícola, la Gandía pixavina. 

En nuestro capitalismo cognitivo la dimensión simbólica de un territorio será su principal factor de competitividad y sin pensar en el peligro de que los televidentes de GandiaShore construyan una imagen negativa de Gandía, pienso que la complicación reside en que, para el resto, nos va a resultar difícil ponerles una imagen atractiva. No para que vengan a la playa, sino para que envíen a sus hijos a estudiar a la UPV, o para que decidan instalar sus centros de I+D en partenariado con Dulcesol o Betelgeux, o que decidan arriesgarse en coproducir con Pluja Teatre, o para que se interesen y compren el know-how del modelo de centro comercial abierto, o para que soliciten una beca para investigar en CEIC Alfons el Vell, o que asistan a la Universitat d'Estiu, o que se aventuren en emprendimientos relacionados con la agricultura ecológica, o que decidan instalar restaurantes de autor…

Tampoco sé muy bien cómo haremos, vistos los tweets de los últimos días, para que jóvenes de la Safor, formados, talentosos y creativos no busquen la primera academia de alemán y se preparen para exiliarse a Dortmund. Yo ya, cuando rememoro .. Bullirà el mar com la cassola en forn, .. sólo soy capaz de pensar en los personajes de GandiaShore, al alba y después de una juerga, chapoteando en ese mar nuestro, felices, ebrios y desnudos.
Es que el imaginario es muy traicionero.

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