25 abril 2013

Meryl Streep cosechando lo que sembró en los 80

Saben moverse en Hollywood, la industria no las fagocita. Alternan grandes producciones con guiones independientes.

 Con apenas 20 años, trabajan con los mejores directores y se codean con los que deberían ser sus ídolos», dice el crítico de cine Javier Estrada. Se refiere a Carey Mulligan, Amanda Seyfried o Dakota Fanning, jóvenes en cuyo curriculum figuran compañeros de viaje como Nick Hornby (guionista de An Education), Robert de Niro (compañero de reparto de Stewart en la comedia Algo pasa en Hollywood), Sean Penn (al que Dakota Fanning eclipsó en Mi nombre es Sam) o Meryl Streep (madre de Seyfreid en Mamma Mia). «Su formación, sus decisiones, apuntan a que estamos ante una nueva generación de intérpretes con la cabeza bien amueblada», prosigue.

En otra industria, la musical, vocalistas como La Roux o Florence Welch, que presume de escribir sus mejores canciones borracha o de resaca, ponen la dosis necesaria de Sexo, drogas y Rock'n Roll que todo relevo generacional que se precie necesita para recabar fans entre sus contemporáneas, un público difícil. «Las veinteañeras de hoy son complicadas. A pesar de que su nivel cultural dista mucho del de generaciones anteriores (sólo les gusta la telebasura), el de ego lo tienen bastante elevado, centrado, sobre todo, en el físico y en qué ponerse para fotografiarse y colgarse en todas las redes sociales a las que están adscritas.

No les importa perder su intimidad. Todo es válido para ser popular», comenta la periodista Sara Sáez. Internet es el soporte donde jóvenes anónimas comparten estrellato con sus ídolos, mitos a quienes la red pone a tiro. Hoy, cualquiera puede erigirse en protagonista de su propia película. Si hay algo obsoleto de los 80 es aquel lema que decía que La fama cuesta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario