22 marzo 2016

El cambio de modelo para salir de la crisis

España no se ganó su crecimiento durante la bonanza, le vino dado por el ladrillo y el crédito exterior; esto es, boom inmobiliario y dinero abundante y barato». 

Fueron estas, grosso modo, mis primeras palabras en público al poco de llegar a España. Es, de hecho, el diagnóstico más común sobre algunos males que han azotado a la economía española. 

En Seat existe un cierto paralelismo: sus últimos años han venido marcados por la confianza de VW, nuestra matriz, que pese al incumplimiento de los compromisos, no ha dejado de creer ni invertir en ella. Seat, como España, ha estado haciendo mucho ruido y dando pocas nueces.

Es posible que la crisis haya acabado, pero las secuelas, sus peligros latentes y sus riesgos permanecen. El panorama de los principales indicadores macroeconómicos españoles es poco halagüeño para dos o tres años. El crecimiento del PIB será ínfimo y el paro seguirá en torno a un inaceptable 20%. Es hora de arremangarnos y creo, sinceramente, que Seat puede ser un buen ejemplo.

¿Qué podemos hacer? Mirar al exterior. Dos de las claves del espectacular despegue de Alemania han sido la preservación de sus empresas -¿quién, si no, crea empleo?- y su clara vocación exportadora. Tras apretarse el cinturón, su cuadro macroeconómico es envidiable: el crecimiento ronda el 3,5%, el paro está sobre el 6,5% (el mejor de las últimas décadas) y sus ventas al mundo están disparadas.

Esa huella quizás nos muestre el camino: fomentar urgentemente la competitividad de las empresas capaces de exportar y crear trabajo estable. Sólo así España reducirá su abultado déficit comercial -que ha mejorado, pero por la inevitable contracción interna-, necesitará menos financiación internacional y será menos vulnerable. Y no es necesario crear nuevos sectores que tiren de la economía y el empleo. Ya hay varios y uno es el de la automoción, que vende al mundo el 85% de su producción, representa el 13% de las exportaciones, el 3,3% del PIB y casi el 9% del empleo.

Seat está dispuesta a jugar un papel relevante para ayudar a dar un giro a la economía española: invertimos, exportamos y creamos empleo.

Nuestra receta es trabajar duro e invertir en el futuro. Cada crisis proporciona una oportunidad. Hay una clarísima correlación entre la inversión y el éxito comercial, por lo que invertir ahora es crucial. Seat lo hace y acabaremos el año con más de 300 millones de euros sólo en I+D+i, lo que supone entre un 6% y un 7% de nuestros ingresos y nos sitúa entre los tres principales inversores tecnológicos de España. 

La retención del talento y el aumento de la calidad y de la productividad con la introducción de la remuneración variable no son tampoco retos baladíes.

Mientras preparamos a la compañía para una ofensiva de nuevos modelos desde 2016, no levantamos la mirada de un horizonte más lejano: el de las tecnologías alternativas. Seat quiere ser cuna de la movilidad del futuro y con la tecnología actual difícilmente podrá existir una industria del automóvil eléctrico. Es muy caro, poco competitivo y su desarrollo debe ser sostenible por ecología y economía. 

Fabricamos algunos de los mejores coches europeos por calidad, eficiencia y rentabilidad. Nuestra capacidad está ahí. Seat tiene una oportunidad maravillosa, no sólo para transformarnos en una compañía más fuerte, sino para construir un relato que fortalezca nuestra autoestima y nuestra confianza, y contribuya a salir a España de esta situación.

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