18 enero 2013

Escogida para la gloria


Para muchos espectadores españoles, el primer contacto con Sam Shepard fue la visión de un desolado paisaje desértico por el que deambulaba un amnésico Harry Dean Stanton mientras sonaba al fondo la vacilante guitarra de Ry Cooder.

Era la primera escena de un aplaudido film de Wim Wenders, Paris, Texas, cuyo guión, suscrito por Shepard, procedía vagamente de la inquietante y desolada atmósfera presente en los relatos de sus Crónicas de Motel. En seguida, fuimos informados de que el guionista de París, Texas, amén de hombre de moda en EEUU, no podía ser mencionado sin evocarse una larga retahíla de oficios. En efecto, Sam Shepard, amén de guionista de films como el ya citado de Wenders o Zabriskie Point de Michelangelo Antonioni, era o había sido camarero, «cowboy», músico, corredor, novelista, cuidador de caballos, dramaturgo, actor... Y, además, marido de la actriz Jessica Lange.

Amén de sus incursiones como instrumentista de los Holy Modal Rounders, en un principio lo más llamativo parecían ser sus actividades cinematográficas, iniciadas con filmes como Resurection, Raggedy man o Country. Aparte de su intensa labor como guionista, había sido nominado para el Oscar al mejor actor secundario por Elegidos para la gloria, de P. Kaufman y eran conocidas sus intervenciones en filmes como Frances de G. Clifford, Days of Heaven de T. Malick o Fool for love, de R. Altman, basada en una conocida obra suya y en la que, además de ser el guionista, compartía reparto con Kim Bassinger. Pronto se difundió entre nosotros, sin embargo, la noticia de su carrera como escritor de teatro. Y una carrera francamente prolífica.

Una treintena de obras han salido de su pluma en los últimos veinticinco años. Y algunas, de singular éxito, como La turista, que consiguió el prestigioso Village Voice Obie Award en 1967, premio que obtendría Shepard en otras dos ocasiones; la violenta ópera rock The Tooth of crime, escrita durante su larga estancia en Londres y estrenada en 1972; Buried Child, que resultó galardonada con el archifamoso Pulitzer cinco años más tarde; Savage love, Lie of the mind o, sobre todo, True West, que estuvo en cartel en Nueva York durante dos años, así como largos meses en París y Londres, ciudad esta última en la que fue dirigida por John Schlesinger...

Fue precisamente True West la primera obra teatral de Shepard estrenada en España. Ocurrió en Madrid, allá por 1985, con el título de El verdadero Oeste. La versión era de Enrique Llovet, estaba interpretada por Pedro Civera y Miguel Arribas, y la dirección corrió a cargo de Angel García Moreno. A finales del mismo año, John Strasberg dirigió también en Madrid una versión de otra de las obras más conocidas de Shepard -Fool for love , titulada Loco amor- con Eusebio Poncela, Santiago Ramos, Carlos Lucena y Laura García Lorca, y traducción de Gustavo Pérez de Ayala. A ella siguió una nueva versión de True West años más tarde, esta vez por el Teatro Estable de Valladolid.

Así pues, la actividad teatral de Shepard, seguramente la más significativa de su dilatada y variada carrera, es paradójicamente la menos conocida en España: dos obras y tres espectáculos que, la verdad sea dicha, no se vieron acompañados precisamente por el éxito, hasta el punto de causar sorpresa en muchos de quienes el nombre de Shepard comenzaba ya adquirir resonancias míticas. En el fondo, no debe extrañar demasiado que un autor tan de moda apenas haya sido estrenado en España. Como ocurre con sus paisanos contemporáneos y no menos exitosos David Mamet o Patrick Shanley, el lenguaje de Shepard, plagado de expresiones coloquiales y referencias «inequívocamente americanas», supone un serio reto para el traductor y el dramaturgo más osado.

Y, por cierto, aunque las diferencias entre los tres autores citados sean más bien acusadas, la visión desde el otro lado del Atlántico puede detectar en todos ellos la obsesión por construir obras en las que unos pocos personajes derrotados y manifiestamente perdedores, situados en la periferia del «stablishment», se devoran asumiendo las pautas de comportamiento que éste impone. Far North, que narra la vuelta al viejo hogar rural de la América profunda de una chica -Jessica Lange, claro- ya habituada a la vida urbana, es la traslación al cine de los mismos fantasmas que pueblan las piezas teatrales y relatos del camaleónico Sam Shepard.

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