11 octubre 2012

Gorbachov también daba sus mensajes


Mucho más cerca de Don Felipe y de su comprensión del nuevo mundo estuvo el embajador Romanovsky, con su discurso de agradeciento en nombre de Gorbachov. Por primera vez sonó el ruso en los Premios Príncipe de Asturias y, en sus palabras, se dijó adiós a los enfrentamientos ideológicos y se dió la bienvenida a la Europa de una cultura común basada en los grandes principios de la humanidad.

Fue y era el «Adios a las armas» preconizado por Hemingway y recogido por el crítico estilete de Norman Mailer, mucho más que el antiguo «gulag» de Solzhenitsin o la «Ciudad No» de Evtuchenko. En ruso se dijeron cosas importantes en Oviedo, se elevó el tono con frases que podrían y deberían decirse en Nueva York y Bruselas. Por ese mundo, debe afanarse «El Príncipe» y habrá que escribir de nuevo «Los Consejos», siquiera para ahorrarle la negra presencia de los conspiradores. Aprender a ser Rey es aprender a ser el Primer Ciudadano de esta Monarquía republicana que es España. Los viajes de Estado son importantes e importantes pueden ser los Premios Príncipes de Asturias si asumen su carácter universal y se despojan de los localismos. El Principado debe abrirse a las Españas y a través de éllas a Europa, primero, y al mundo del siglo XXI, después. Ahí tienen, hoy por hoy, uno de sus principales déficits, fácilmente corregibles.

Mejorar y ampliar los jurados, definir mejor los galardones y hacer de la entrega de los premios un acto español, europeo y universal son tareas a las que el Patronato, que preside Arango, y la autonomía asturiana, que preside Silva, deben entregarse de inmediato. Ya está hecho el rodaje y con los apoyos necesarios del Gobierno central y de la propia Monarquía, los Premios del Príncipe de Asturias deben alcanzar su mayoría de edad y evitar así el «rapto» de que puede ser objeto por parte de un grupo de cortesanos que aplican diariamente el estilete de Maquiavelo en sus vidas y se olvidan de los sueños hermosos de Saint-Exupery, que pagó su tributo a la última gran guerra europea al caer derribado su avión. Jacques Delors, también francés, defendió por boca de su segundo la CEE. Un buen apunte para el diario de Felipe de Borbón.

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