09 julio 2012

Federer vuelve a imponerse


El rey regresa al trono dos años después de su prematura abdicación. Roger Federer vuelve a lucir el número uno mundial y se dispone a superar las 286 semanas de reinado de Pete Sampras, después de emular ayer al héroe de la hierba con su séptimo Wimbledon ante un Andy Murray que se lo puso muy cuesta arriba a cielo abierto. 

La lluvia londinense fue la mejor aliada del suizo, que se benefició del despliegue del techo retráctil para recuperar la pegada, reencontrarse con su servicio y fulminar en cuatro sets (4-6, 7-5, 6-3 y 6-4) el sueño esquivo del escocés, que sigue sin ganar un Grand Slam y sin romper el maleficio británico de 76 años en Wimbledon. 

«Me voy acercando», dijo Murray entre lágrimas y con la voz quebrada, aplastado por la derrota a pie de pista. «Este es un momento mágico», declaró por su parte Federer, con una sonrisa de alivio y abrazado a la rutilante copa, ante la mirada cómplice de Sampras, Borg, Nastase y Santana 

El suizo, ya parte de la historia, se refirió a su sequía de títulos como «una cosa temporal» y vaticinó un regreso triunfal a lo Agassi: «Todavía puedo jugar unos cuantos años. La gente olvida que he tenido dos gemelas y que eso ha tenido un impacto muy grande en mi vida. Pero en el fondo creo que me ha servido de ayuda porque estoy jugando mi mejor tenis ahora. Me siento muy cómodo con mi edad». Poco o nada tenía que ver el Federer del primer set con el pegador implacable que doblegó a Djokovic en semifinales. Sorprendido por la efectividad del escocés, el suizo se la jugó en la red, con lamentables resultados en la primera manga. 
Tuvo incluso Murray la oportunidad de marcharse con 3-0 en el segundo set, pero el suizo imprimió agresividad al resto y quebró el servicio al local para dejar la cosa en 2-2. Demoledor al primer saque (16 aces en todo el partido), Murray dio sin embargo tregua a su rival en los últimos lances de la segunda manga, donde se esfumó quizás su mejor oportunidad. 

El escocés fue el primero en notar la lluvia y en torcer el gesto ante el cúmulo de nubarrones sobre la pista central de Wimbledon. El juego se detuvo durante 40 minutos y lo que comenzó después fue un partido desigual y muy distinto. 

«El cierre de la pista me benefició», reconoció Federer. «Intenté jugar más agresivo, y me ayudó el hecho de que no soplara ese viento bajo que hubo durante los dos primeros sets. Sin viento era el momento de centrarse en la táctica». El sentido de la anticipación al resto del suizo quedó más patente que nunca en el sexto juego del tercer set, con el marcador 3-2 a su favor y con Murray dispuesto a vender más caro que nunca el servicio. Veinte minutos duró el apasionante mano a mano, con nueve deuces y seis bolas de break para Federer que Murray llegó a conjurar hasta estrellarse contra la evidencia: el retorno del maestro, capaz de sentenciar con un drive cruzado o con un revés endiablado desde la línea de fondo, y de subir casi siempre lo justo. 
«No tengo nada que reprocharme. Ha sido frustrante perder, y es cierto que dejé escapar aún más oportunidades después de perder el juego clave del tercer set. Pero Roger sigue jugando increíblemente al tenis. Le veo capaz de llegar a 20 Grand Slams», dijo Murray. 

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