27 abril 2013

La familia Mann


Este libro se inicia con una contundente declaración de principios: un universo narrativo «tan perfecto, tan cerrado en sí mismo... que pueda ser considerado como un mundo contrapuesto al de hoy, sólo pueden ofrecerlo dos novelistas de nuestro siglo: Marcel Proust y él, precisamente, Thomas Mann».

La afirmación de Reich-Ranicki debe considerarse personal en sentido estricto, pues en el último de los apartados de la obra los datos que se aportan imponen la controversia, surgida a raíz de una de esas estadísticas donde se mide la popularidad de los cadáveres exquisitos y relevantes. A Reich-Ranicki el procedimiento le apasiona, recurre a éste con relativa frecuencia y no se desanima si los resultados desmienten sus previsiones. La contradicción, sin embargo, define el modo en que se ha construido el libro.

Varios textos sobre Thomas Mann y las revelaciones que surgen de sus Diarios, durmientes durante dos décadas por la voluntad testamentaria del estilista, nos introducen en un itinerario interior para conocer un complejo clan familiar. Se evidencia entonces la paradoja: los Mann, componentes de un grupo que podía representar los avatares de la Alemania burguesa de Weimar, encaman en cambio las tribulaciones y tragedias de un país escindido.

Y han de sufrir una última derrota, sobre la que Reich-Ranicki refleja a través de perspectivas psicológicas, literarias e históricas. Los alemanes nacidos en la pesadilla nostálgica de la Gran Alemania no han perdonado la minuciosidad ni la fidelidad -en ocasiones tampoco el humor zafio, como ocurre en los folletones de Heinrich Mann- con que se elaboró de forma narrativa el gran monumento a una clase social, privilegiada y feliz sobre la barbarie. Con textos escritos y publicados a lo largo de un periódico de escrupulosa dedicación crítica, que roza el cuarto de siglo, Reich-Ranicki aporta individual izadamente los fragmentos básicos del rompecabezas: la familia Mann.

O más bien, la influencia de hierro de Thomas Mann sobre todos aquellos que le rodearon en vida. Será con datos significativos, seleccionados en función del sentido común, de lecturas prolongadas y atentas, y de un ánimo crítico, que pueda contemplarse el desfile de figuras de rasgos muy acusados: Thomas, Heinrich, Erika, Klaus, Golo y la señorita Pringsheim -Katia, esposa del autor de La montaña mágica-, y asimismo Tonio Kröger, Aschenbach, Mephisto, los Buddenbrook... Desfile de una familia, a la vez que desfile de una tragedia perdurable y alemana.

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