20 mayo 2018

Vídeojuegos favoritos de niños de 8 años

Cuando estaba embarazada pensaba en la posibilidad de que mi maestro, el Lama Yeshe, que acababa de morir en California, se reencarnase en la criatura que yo llevaba dentro. Pero era tan sólo un sueño, una de esas cosas que piensas de forma idílica, pura fantasía. Y ya ves, a los siete meses de nacer mi hijo, el Lama Zopa descubrió en él algunos indicios de que el pequeño Osel, un bebé tan normal como los demás, podría ser la reencarnación del Lama Yeshe». María Torres, la madre del pequeño Osel, es una mujer feliz. Absolutamente feliz. 

El que su hijo viva desde los dos años fuera de casa tan sólo le colma de satisfacción. «La idea de que un hijo tuyo se eduque tan lejos en un principio es dolorosa, pero yo entendí rápidamente que además de ser mi hijo era mi maestro, como lo era el Lama Yeshe. Sabía que como madre debía ayudar todo lo posible en su formación pero a la vez comprendía que por mí misma era incapaz de darle la educación tan especial que necesitaba un niño reconocido como la reencarnación de una Lama. Permití, encantada, que se lo llevaran, que le dieran un bagaje cultural que yo no podría darle». El Dalai Lama confirmó en 1987 que Osel era la reencarnación del Lama Yeshe, legendario maestro y propulsor del budismo tibetano en Occidente. Esta consideración guarda una estrecha relación con la alta estima en que se tiene en los círculos budistas de todo el mundo a Osel. Si la principal contribución del Lama Yeshe fue presentar el budismo de forma asequible a la civilización occidental, su decisión de que su mente permaneciese en el cuerpo de un niño granadino podría traducirse como la intención de que el budismo continúe extendiéndose por este lado del mundo y traduciéndose a la mentalidad europea. 


Basili Llorca, un monje budista que además ha sido tutor del Lama Osel, reconoce que la necesidad de que el budismo siga expandiéndose por Occidente puede haber influido en que Lama Yeshe escogiera a un niño español. Los lamas -o maestros espirituales- no tienen obligatoriamente que ser monjes. Son aquellos budistas que tienen capacidad para transmitir su sabiduría y ayudar a los demás. Pero además se da la circunstancia de que ellos, cuando les llega el momento de la muerte, pueden elegir la continuidad de su espiritualidad y su saber en una nueva vida, reencarnádose en un nuevo lama. Osel, el primer y único lama nacido en España -donde por cierto el budismo no tiene una tradición histórica significativa como en otros países europeos- ingresó a los seis años en la Universidad Monástica de Sera, institución tibetana afincada en el sur de la India. Antes había estudiado durante más de un año en colegios del sur de Francia y Suiza, donde comenzó a familiarizarse con el alfabeto tibetano. En la Universidad de Sera, donde residen unos dos mil monjes de todas las edades, comparte una pequeña casa con jardín, construida especialmente para él, con su tutor, el español Juan Manzanera, y otros dos monjes, uno de origen griego y otro tibetano. En Sera estudian otros 500 niños de muy diferentes nacionalidades, por lo que Osel tiene cientos de amigos con los que compartir sus horas de juego. Pero tan sólo 50 personas, de todas las edades, son lamas reencarnados y reconocidos como él. Lama Osel alterna durante el día las clases con las horas de juego y de descanso. 

Los videojuegos, las construcciones con Lego y escuchar cuentos españoles se han convertido en las actividades preferidas de este niño de ocho años, que desgraciada o afortunadamente nunca ve la televisión. A su paso por Madrid esta semana, confirmó su pasión por (dos juegos electrónicos y el Lego, para construir con ladrillos pero sin cemento». Lama Osel quiso también dejar bien claro que le encantan «la tortilla española y esa cosa roja tan buena, el chorizo». Una profesora norteamericana de origen hispano, Norma Quesada, le imparte clases de conocimientos básicos. En diciembre, Osel Hita superó satisfactoriamente las últimas pruebas, que corresponderían a los exámenes de 3º de EGB. Además de dominar el castellano, el tibetano y el inglés, el Lama Osel está recibiendo la instrucción budista tradicional. De momento, aprende pequeñas prácticas meditativas y memoriza versos cortos, oraciones y alabanzas. 

A sus ocho años, aún es pequeño para las cuestiones metafísicas y devocionales. Sus profesores coinciden en afirmar que Osel es un alumno muy listo y más rápido que los jóvenes tibetanos a la hora de asimilar conocimientos. Confluyen en él una serie de circunstancias que hacen de él un niño demasiado maduro para su edad, según sus propios profesores. Por una parte, la educación occidental y la conviencia durante los primeros años de su vida con su familia han contribuido a que sea un niño bastante receptivo, según Basili Llorca, uno de sus tutores. Además, Osel Hita ha dado la vuelta al mundos en dos ocasiones, visitando, entre otros lugares, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Australia, Europa y todo el lejano Oriente. Basili Llorca, el monje valenciano que ha acompañado a Osel durante cuatro años, asegura que Osel irradia una sensación especial, «es una especie de polo de atracción, todo el mundo se acerca a él, aún sin saber quién es. Tiene una madurez que no es normal. Como si detrás de una máscara de niño hubiera un adulto». Osel llegó el viernes a Bubión, un pueblo de montaña de las Alpújarras granadinas donde vive su familia. Allí, sus padres dirigen el centro budista Osel Ling, uno de los cuatro que se crearon en España a raíz de la visita de Lama Yeshe en 1977.

El pequeño Lama Osel aprovecha sus vacaciones escolares para visitar a sus padres -que suelen ir una vez al año a la India- y a sus seis hermanos. Pero no dispone de todo el mes de descanso para pasarlo en Granada, ya que ha tenido que acudir primero a otros lugares del mundo donde era reclamado por los discípulos del Lama Yeshe, que querían conocer a la reencarnación del maestro. Osel por fin podrá vestir «de paisano» para juguetear por las calles de su pueblo, Bubión, pero con una salvedad: cuando el pequeño Lama viste pantalones vaqueros, camisetas o anoraks corrientes debe respetar la gama de los colores rojos y amarillos de la indumentaria budista. Su madre, María Torres, le tenía preparada ya la ropa para sus vacaciones de acuerdo con las normas budistas y se planteba en los últimos días la forma en la que tendría que tratar a ese hijo tan especial: «No lo veo mucho, pero cuando estoy con él, la relación es muy intensa. Trataré de envolverle en el ambiente más normal. Tendré mucho cuidado con la televisión porque como no la ve nunca se puede quedar impresionado. Pero por otro lado, sé que él está en una burbuja y debe percibir también la realidad, el mundo al que pertenece».

Osel continuará su educación en la Universidad hasta que obtenga el título de gueshe, equivalente al doctorado en filosofia y metafísica. Sus padres y sus preparadores insisten en que gozará de plena libertad al elegir su profesión. Según su madre, «como monje o como laico difundirá su sabiduría. Quién sabe si a lo mejor, la manera idónea de lanzar un mensaje en el siglo XXI es ser cantante de rock». Su tutor, Basili Llorca, explica que «tenemos una actitud positiva hacia él, intentamos darle la mejor formación, pero finalmente será Osel quien decida sobre su futuro. Ya dijo el mismo Buda No os creais nada de lo que digo; sopesad, medid, considerad todas mis enseñanzas. Por tanto, espero que no nos estrenos equivocando».

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