26 abril 2013

El matemático presocrático

René Thom parece, más que un profesor universitario, un campesino de visita en la ciudad. Tímido, amable, curioso, irónico, con ese punto de desaliño que se espera en todo sabio, está un poco apabullado por asistir a un debate filosófico en el que él, un matemático, parece ser la estrella. «No estoy acostumbrado al tono casi metafísico de la discusión», dice, «y a veces me pierdo».

La matemática tradicional fomentó una concepción parcial del cambio: se ocupaba del cambio suave, continuo, cuantitativo. La teoría de las catástrofes es un lenguaje creado para describir y clasificar el cambio repentino. Su éxito fue inmediato, pese a tener grandes enemigos, y se han encontrado aplicaciones de la teoría en la física, la química, la biología, la sociología y la psicología. Rutherford decía que «lo cualitativo es sólo deficientemente cuantitativo». Thom se opuso beligerantemente a esta máxima: «La teoría de las catástrofes es una teoría culitativa rigurosa, pero no permite la predicción, por lo que es ineficaz. Afortunadamente», ironiza, «porque así no tengo problemas morales».

Lo suyo es pasión por la aventura de pensar: «Yo me considero un poco como esos tramperos del siglo XVII, que recorrían el continente americano. Pienso que mi recorrido es algo sociológica y teóricamente sorprendente. No es extraño que los científicos me juzguen de modo tan distinto, de la aprobación más total al rechazo más sistemático. Me han llegado incluso a acusar de pervertir a la juventud con mis teorías, como a Sócrates». René Thom detesta, suavemente, la tiranía de lo útil: «Desde hace cinco o seis años, la gente se ha dado cuenta de que además de la utilidad, la inteligibilidad es algo importante.

La comprensión y la acción son dos cosas que van juntas. Y hay que reconocer que el método catastrofista permite una mayor comprensión de lo que ocurre». Su colega Tim Poston lo definía así: «Algunos matemáticos hacen su trabajo como ingenieros, construyendo una autopista de seis carriles por el centro de la jungla. Pero Thom es como una criatura de la jungla matemática, que bre una senda y no deja más que unas cuantas marcas en su camino hacia el siguiente claro».

¿Cómo es posible entonces que esas pocas marcas sean más conocidas que las autopistas de otros? ¿por qué le persiguen los medios de comunicación: «Los conozco desde hace tiempo. Cuando desapareció, en 1977, el interés por mi teoría, los medios me abandonaron y pude trabajar tranquilamente. Ahora vuelven a ocuparse de mí, no sé muy bien por qué, no hay nada que lo justifique».

«La filosofía vive un poco sobre su terreno tradicional y hay muchos que dicen que no es otra cosa que una elaboración filosófica de la historia de la filosofía. La ciencia es extrovertida. Se puede decir que los matemáticos exploran el universo platónico de la cantidad, pero hay cierta consistencia exterior a la humanidad. La filosofía es notablemente introspectiva». Aunque defensor del determinismo, Thom cree en la libertad humana. «Es un poco una aporta. Si suponemos ya que el determinismo es total, ya que el indeterminismo es total, matamos la libertad humana. Para que podamos hacer lo que queremos necesitamos cierta regularidad en los fenómenos exteriores, es decir, cierto determinismo. «Me definiría», concluye, «como un presocrático que hubiera conocido cierto tipo de matemáticas»

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