Superando la depresión y el suicidio

Hace ya muchos años, Norman Mailer dijo de William Styron que, con Estirada en la oscuridad, su primera obra, había escrito «la novela más hermosa de nuestra generación». Ahora, tras un tiempo sumido en el silencio, William Styron regresa con una amarga historia, la del mundo del tiempo de su depresión: Darkness visible. A los 60 años, William Styron había decidido suicidarse pero no tenía muy claro de qué forma: si con un cuchillo abriendo sus venas o con una soga rompiendo su cuello. El caso es que estaba decidido a suicidarse, arrastrado por una terrible e insuperable depresión. Darkness visible, un libro breve, sólo 86 páginas, es el resultado de una larga meditación sobre esa depresión que el autor sufrió allá por el año 1985. Depresión o melancolía, depresión o hipocondría, depresión o «ese perro negro».

Algo que Styron, un escritor sureño que ha escrito sobre el Sur a partir de lugares alejados de aquella geografía, cree que en su caso está ligado a un sentimiento melancólico de pérdida: se quedó sin madre, una cantante, siendo niño. William Styron -autor de La decisión de Sophie, La larga marcha, Esta casa en llamas...- con Tiesa que fue un gran bebedor. Al dejar el alcohol, entró en una fase de ansiedad que se negó a admitir. Era un hombre y el principio de toda masculinidad es que un hombre supera todas las crisis. Poco después llegaron las pastillas. Más tarde la adicción a los calmantes, que le tranquilizaban, pero le abocaron al mundo de la depresión, como efecto secundario de las dosis prescritas con exceso que producen daños colaterales. Todo su mundo se le fue complicando, se fue cerrando, y el morboso placer por el suicidio se fue adueñando de él.


Una noche, inmerso en el pozo de la depresión, se forzó a sí mismo a ver unos minutos de Las Bostonianas, serial basado en la obra de Henry James y, mirando a la pantalla, escuchó la voz de una mujer cantando la Rapsodia de Brahms, y aquel sonido le transportó a su niñez y escuchó la voz de su madre que solía cantar esa canción en la que la música de Brahms y las palabras de Goethe dan paso a la esperanza después de la gran tristeza. Al día siguiente William Styron decidió ser valiente, asumir que era un enfermo mental. Tatareando la melodía de Brahms, se vistió elegantemente y se dirigió hacia el hospital para afrontar su destino de hombre fronterizo con la locura. El hospital le ofreció un rincón seguro y una terapia infantil. Hoy Styron sabe que puede recaer pero ha descubierto que se puede sobrevivir. 

Darkness visible es un mensaje a los hombres y mujeres que como él sienten la angustia de eso que todos vemos alguna vez al mirar más allá de la ventana: el paisaje de la melancolía. Darkness visible, su libro, lleva el subtítulo Memoria de la locura y es, paso a paso, la crónica dura y lúcida sobre un hombre inmerso en el mundo alucinante, fantasmagórico, de la enfermedad mental. Le llevó un año recuperarse. Luego, surgió la necesidad de escribir sobre lo que le había ocurrido, de afrontar con estilo directo la historia clínica de un período de su vida que le llevó a abandonar la escritura, a dejar de ver a sus amigos, a tener conflictos con su esposa, a obsesionarse con el suicidio como única salida.

Al principio, intentó relatar esa vivencia como si fuese una novela, pero descubrió que «algo» no funcionaba y abandonó el proyecto hasta que un día, escribiendo para New York Times un artículo sobre el suicidio del escritor italiano Primo Levi, expresó algo tan directo sobre la depresión que mucha gente le escribió identificada con lo que decía. Una de cada diez personas se calcula sufre depresión clínica en algún momento de su vida. Los que escribieron a William Styron estaban inmersos en la depresión, o lo habían estado. El escritor decidió volver a su historia, dejando de lado la ficción, y entonces percibió que el suicidio que le había perseguido era un tema constante en sus novelas.

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